La Pluma y la Espuma. Blog de la escritora Clara Asunción García

Si hay un mar, un libro o una cerveza cerca, soy feliz. Si estoy acompañada cuando eso sucede, lo soy aún más.

viernes, 2 de septiembre de 2016

VOLVER O NO VOLVER

ESA ES LA CUESTIÓN

Un ratón para gobernarlxs a todxs...
   Me he pasado todo el verano con la mente en blanco. Bueno, obviamente no. De algo sí la he tenido rellena (mar, olas, partidas de Rummy, cerveza, libros que leer, bosques, verde, azul, aquí, allí, ahora, más tarde y tal vez mañana... Esas cosas).
  Pero de historias, vidas, palabras, libros que escribir y decisiones, no. No mucho. Tal vez un poquito, pero solo porque se me escapaban las (malditas) neuronas. Cuando eso ocurría, echaba mano del relleno (mar, olas, partidas de Rummy, cerveza, libros que leer, bosques, verde, azul, aquí, allí, ahora, más tarde y tal vez mañana... Ese relleno) y las rebeldes volvían al redil.
  No quería pensar en ello, la verdad, porque hacerlo me impedía disfrutar de mar, olas, blablablá y, ciertamente, no me apetecía nada. Nada de nada, te lo puedes creer.
  Sigo disgustada. Disconforme. Cabreada. Molesta. Tal vez, también, una parte de todo eso podría ser representado por una niña enfurruñada pataleando en un rincón, cruzada de brazos. Tras ella, sobre una pizarra, hay escrito: “Yo he cumplido mi parte del trato, no entiendo por qué tú no”.
  (Trato: yo ofrezco lo mejor que puedo y sé dar. Si ese producto no es de tu interés, gusto, aceptación, no va contigo, te importa un pimiento o te ha defraudado, perfecto. No firmes a pie de página, no problem. El mundo es muy grande y hay billones de cosas que pueden o no encajar con cada unx. Ok, elige. ¿No es mi trabajo? Nada que objetar. Tal vez algún día haga algo que pueda y sepa dar en el clavo y tenga otra oportunidad contigo. Si no, tú por allí y yo por allá. Perfecto de nuevo, sin problemas por mi parte).
  No lo voy a negar, esa puede ser la imagen.
  Pero, eh, un momento. ¿Me dices que sí, que eliges mi trabajo, que te gusta, te interesa, disfrutas, y, sin embargo, no pagas por él? Ah, no. Eso sí que no. No soy una tirana, tampoco una potentada, no pretendo enriquecerme con él (al menos, no de un modo obsceno) y mis autopublicaciones, aquellos libros sobre los que yo tengo prácticamente todo el control, siempre he procurado hacerlas (y mantenerlas) asequibles; he llevado a cabo campañas en las que los he puesto a precios muy rebajados e incluso GRATIS (eso sí, no olvides nunca, nunca algo muy, muy importante: el precio y el valor de algo son dos cosas muy, muy distintas) y, aun así, te niegas a pagar por ese trabajo. Lo copias, lo compartes, lo subes, lo bajas, lo envías, lo recibes, lo pides, fomentas con tus acciones la piratería, blablablá…
  Qué hartazgo, por favor, siempre con el mismo tema. De esto ya he hablado, para qué más. Porque la verdad es que no sirve de nada. Absolutamente de nada. He visto que sí se pueden lograr cosas, si hablas con la gente. Sí se puede, en serio. Hasta me han llegado a pedir perdón y pedirme que no deje de escribir. Personas que habían subido pirateados mis libros a sus webs (ya cerradas, cosa que les agradezco).
  Pero es la aguja en el pajar, la gota en el tanque de agua. A-go-ta-dor. El mundo es muy grande, y más aún el virtual. Es absolutamente imposible, inabarcable, irrealizable, una tarea titánica, tapar todos los agujeros del casco, recoger todas las hojas caídas durante el huracán; estar en todas partes, a todas horas. Y un día y otro y otro y otro más.
  O como o escribo, ¿y ahora… o inculco respeto?
  Puff…
  El respeto por el otro debería ser innato, no habría que inculcarlo. En cualquiera de su facetas, en cualesquiera de sus apartados. Pero siempre lo he dicho y siempre lo diré: es una cuestión de educación, a todos los niveles. Pedagógica, familiar, social, política, económica... personal (pregúntate qué tipo de persona quieres ser. Tal vez hasta te lleves una sorpresa. ¿Te doy una pista sobre límites? Venga, dos: «Tu libertad acaba donde empieza la mía», y «No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti.»).
  Tan fácil como eso. Te lo aseguro, no hay más. Tú y yo llevándonos bien en este mundo, sin sacarnos los ojos mutuamente. ¿No sería bonito?
  Va a ser que no, por lo que veo. Pero, como he dicho, qué hartura de tema. ¿Para qué insistir? Debo llevar cuidado con el factor toxina, algo a tener muy en cuenta en todo esto. El envenenarme de impotencia, de rabia, de frustración. ¿Para qué, repito? Si la única que se intoxica soy yo. ¿Qué sentido tiene?
  Como sea, todo esto solo es para llegar a esa disyuntiva: volver (a ponerse delante de un teclado) o no hacerlo. Y en realidad es absurdo, porque siendo lo único que tengo a día de hoy para ganarme la vida y, sobre todo (sobre todo) llevándolo tan adentro (si no es que se me muere un día de estos con tanto desengaño, claro) es una gilipollez planteárselo.
  Volver. Ya lo había decidido, lo sé, pero la cuestión era cómo. Con qué. Pienso que si soy más dinámica en las Redes, si ofrezco contenidos adicionales, si me esfuerzo más, si… ¿Si qué, coño? Haga lo que haga, sea como sea, en un triste porcentaje (que a  día de hoy pesa más que el resto, lo siento mucho por todxs aquellxs que hacéis lo correcto) el resultado va a ser «clara asunción garcía descargar» en la casilla del buscador. Sin plantearse más cosas. ‘Esta tía me gusta, lo quiero’ (gratis, por desgracia).
  Pero, bah, hasta yo misma me aburro de mí misma, de mi eterna cantinela. Basta con eso. Me he rellenado la cabeza este verano de otras cosas y, en teoría, debería haberme servido de algo, ¿no?
  Así que, solo eso: volver, sí. Pero tanto como sería incapaz de escribir nada que no sintiera (y a día de hoy esto todavía es así) también debo ahora hacerlo con un poquito más de cálculo. Analizando qué podría reportarme con más probabilidad el pago de ese recibo mensual, la barra de pan de hoy o los zapatos de mañana.
  No sé qué saldrá de todo ello, si el resultado de la disyuntiva será reversible o empezaré a parir basura (quién sabe, incluso hasta podría enriquecerme con ella, tal y como está el panorama). Solo sé que es volver.
  Y después, ya veremos.