La Pluma y la Espuma. Blog de la escritora Clara Asunción García

Si hay un mar, un libro o una cerveza cerca, soy feliz. Si estoy acompañada cuando eso sucede, lo soy aún más.

jueves, 24 de diciembre de 2015

CATE MAYNES YA HA LLEGADO A MADRID Y BARCELONA

EL LIBRO EN PAPEL, YA A LA VENTA EN BERKANA Y CÓMPLICES



  ¡YA HA LLEGADO CATE MAYNES A MADRID Y BARCELONA!
  El libro "Sexo, alcohol, paracetamol yuna imbécil" ya está a la venta en la librería Berkana de Madrid y la librería Cómplices de Barcelona.
  Mamá Noel le ha metido caña a los renos y el libro en papel ha conseguido llegar in extremis a las dos ciudades. Así que, si sois de lxs que se esperan a última hora para haceros con el regalo navideño, hay una imbécil que estará más que encantada de pasar la noche en vuestra casa (debajo del árbol, entiéndase).
 Y si sois de lxs que se autorregalan, mejor que mejor: ¡así no hay sorpresas!
  Felices días de solsticio para todxs.

"Un libro es un regalo que puedes abrir una y otra vez." 
Garrison Keillor

sábado, 19 de diciembre de 2015

LEE COMPLETO (Y GRATIS) EL PRIMER RELATO

DE "SEXO, ALCOHOL, PARACETAMOL Y UNA IMBÉCIL"


Si os apetece “catar” uno de los relatos que forman parte de la antología “Sexo, alcohol, paracetamol y una imbécil”, ya disponible en Amazon en papel y ebook, os invito a que lo hagáis entrando en este link: "Cada vez que haces eso".
¡Cate y yo esperamos que os gusten estas nuevas aventuras en corto!

viernes, 18 de diciembre de 2015

YA DISPONIBLE EN PAPEL

"SEXO, ALCOHOL, PARACETAMOL Y UNA IMBÉCIL"


  Ya tenéis  a la venta en Amazon la versión en papel de la antología ‘Sexo, alcohol, paracetamol y una imbécil’. La podréis encontrar en los siguientes enlaces:

    Papel:
    MADRID
    Librería Berkana: http://bit.ly/1Ot744i

    BARCELONA
    Librería Cómplices: http://bit.ly/1mcnWQu

    ELCHE
    Librería Ali i Truc:
    Passeig de les Eres de Santa Lucia, nº 5 - 7
    03202 Elche (Alicante)
    Tfno.:  965 45 38 64

Amazon. Papel y ebook:
Amazon España:
Amazon.es: http://amzn.to/1mc5cA5
Amazon Internacional:
Amazon Gran Bretaña:
Amazon.co.uk: http://amzn.to/1OC9IyT
Amazon Alemania:
Amazon.de: http://amzn.to/1OdZ94y
Amazon Francia:
Amazon.fr: http://amzn.to/1NuR127
Amazon Italia:
Amazon.it: http://amzn.to/1RZ1N44
Amazon México:
Papel: http://bit.ly/1MCMiaR
Amazon Brasil:
Papel: http://bit.ly/1PrPgn5
Solo ebook:
Amazon.nl: http://bit.ly/1Qx0KsG
Amazon.co.jp: http://amzn.to/1YlTZhG
Amazon.ca: http://amzn.to/1Rt3XJN
Amazon.com.au: http://bit.ly/1PaAWze
Amazon.in: http://amzn.to/1PaAVeH

***
  Bajo el título genérico de 'Sexo, alcohol, paracetamol y una imbécil' se reúnen ocho historias cortas protagonizadas por la detective privada Catherine S. Maynes ('El primer caso de Cate Maynes', 'Los hilos del destino'). 
  Los siete primeros relatos tienen como telón de fondo un mismo hilo conductor: Cate ha perdido algo en apariencia intrascendente pero con un gran valor sentimental, y durante cuatro días la acompañaremos en su búsqueda, camino que conllevará un doloroso regreso a su pasado más reciente. 
  El octavo relato que cierra esta antología es 'El camino de su piel. Versión extendida'. En él, Cate es contratada como escolta por una mujer temerosa de su expareja, encargo que acabará sumiéndola en un torbellino emocional que pondrá a prueba su estabilidad y su cordura. Un relato en el que una mujer amenazada, una detective privada, la noche y un camino sin destino serán los ingredientes.
  Índice de relatos:
  01. Cada vez que haces eso  
  02. El viejo, el pez y la imbécil 
 03. Si hoy es sábado, Leng está con un par de mulatos (si es domingo, también) 
  04. Johnny, Bud, Brugal, José, Smirnoff, Tanqueray y Mimí       
  05. En busca del lunar en el coño perdido        
  06. Chuletas, chuminos y galletas de canela
  07. Siempre no es siempre siempre
  +1. El camino de su piel. Versión extendida

  

jueves, 17 de diciembre de 2015

POR QUÉ #MARIMARYEVA

DE TÍTULOS DE RELATOS EN ANTOLOGÍAS MARAVILLOSAS



  Cuando en marzo de este año recibí la propuesta de Alberto Rodríguez y Gonzalo Izquierdo, responsables de la editorial Dos Bigotes, de formar parte del proyecto que más tarde se materializaría en esta preciosa antología que es “Ábreme con cuidado”, fueron dos las frases que encabezaron mi correo de respuesta. Una (bastante breve) fue: “¡Sí!”. La otra: “Me pido a Patricia Highsmith”.
  La razón de elegir a Patricia creo que es ya suficientemente conocida, así que, aclarada la razón del quién, queda la del porqué. ¿Por qué ese título? ¿Por qué #Marimaryeva?
  Veréis (y esto es una advertencia): ¿tenéis por casualidad algún/a amigx escritor/a? ¿Conocidx? ¿Cercanx? ¿Lejanx?
  Bien, pues lo tengáis o no, os encontréis cerca, a media distancia o lejos de su radio de acción, es mejor que sepáis algo: cuidadito con ellxs. Mucho cuidadito. Cuidadito con sus orejas, sus ojos y, en resumen, con toda su persona en su conjunto.
  Porque, veréis, lxs escritorxs somos unxs ladronxs. Así, tal cual. Unxs auténticxs mangantes. Pero nuestra peculiaridad (y la principal razón de que no ocupemos de forma masiva las cárceles del Estado) es que en vez de apropiarnos de lo ajeno material (llámese cartera, fondo de pensiones, paga o coche), nosotrxs robamos vidas. Las vuestras. Nos apropiamos de esa pequeña cicatriz en el labio superior, o de la anécdota del encontronazo en las escaleras de El Corte Inglés, del recuerdo de aquellas vacaciones, del desastre con el chocolate en la cocina, o de cualquier hecho, gracia, originalidad, detalle, aspecto, forma y lugar que ofrezcáis al alcance de nuestros ojos y oídos.
  Te robamos a ti, sí, y además lo hacemos de forma descarada. Nos quedamos con lo que es tuyo para hacerlo nuestro y, de ahí, de todos.
   Yo, por ejemplo, robé a Marimar y a Eva. Así, tal cual. Les birlé un trocito de su vida, de sus recuerdos, de su día a día.
  Porque  Marimar y Eva existen… aunque no. Son, sí, dos. Se conocen, sí, desde hace mucho tiempo. Y sí, a veces se refieren a ellas como marimaryeva, todo junto, de un tirón.
  Las conocí (en persona, que ya virtualmente teníamos un camino recorrido, sobre todo con una de las partes del hashtag) en una ocasión que fui a presentar a Madrid. Hubo, por supuesto, cerveza; mucha (por entonces todavía la bebía con alcohol, ay). Y entre esas cervezas que iban y venían surgió en un momento dado de la conversación la anécdota de que se refiriesen a ellas como marimaryeva y el hecho de que parecía un hashtag.
  Aquello se quedó allí. Tras las risas, la cerveza y la presentación, ellas se quedaron en Madrid y yo regresé a Alicante.
  Pero… no volví sola. Entre la maleta, mi señora y servidora, se coló en aquel tren el germen de lo que más tarde sería el relato que podéis encontrar en el libro. Esa semilla se me metió dentro, y fue dando vueltas y vueltas por mi cabeza, dándome tironcitos, tocándome en el hombro, porque sabía, era perfectamente consciente, de que ahí había una historia.
  Cuando eso sucede, pueden ocurrir dos cosas: que te sientes delante del ordenador y revientes a escribir, o que algo dentro de ti decida cuándo, cómo, por qué y para qué va a nacer esa historia.
  Bien, pues esa decisión se tomó en marzo de 2015, cuando llegó a mi bandeja de correo un email con una cautivadora propuesta, y entonces el clic en mi cabecita dijo: "Ya, aquí, ahora, para esto".
  Y me senté frente al ordenador y escribí la historia y lo hice prácticamente de un tirón.
  #Marimaryeva acababa de nacer. 


    Hoy se presenta el libro en Madrid. Me habría encantado ir, encontrarme con mis compañeras... y reencontrarme con marimaryeva (porque me dicen que van a estar allí). No va a ser posible, pero vais a poder disfrutar de prácticamente el resto de autoras que componen la antología, así que os invito a que os acerquéis y las arropéis, que os asoméis a ese puñado de relatos que sirven de puente al Tiempo, de enlace con aquellas escritoras que nos precedieron en él.
  Que los disfrutéis.

martes, 15 de diciembre de 2015

YA A LA VENTA

LA VERSIÓN EBOOK DE 'SEXO, ALCOHOL, PARACETAMOL Y UNA IMBÉCIL'


  Ya está aquí, ya llegó. Al fin mi hija putativa decidió descender del reino de los cuarenta y cinco grados y se dignó a darse una vuelta terrenal para dejarnos su libro de relatos.
  Por ahora, solo está disponible la versión digital, pero espero que en breve lo esté también la de papel.
  Si te apetece asomarte al universo catemaynesiano a través de estas ocho piezas cortas (en fin, siete cortas y una más extensa), aquí puedes hacerlo: 'Sexo, alcohol, paracetamol y una imbécil'.
   Muchas gracias por la espera y la estupenda acogida. ¡Esperamos que haya merecido la pena y te gusten!

  Índice de relatos:
 
01. Cada vez que haces eso  
  02. El viejo, el pez y la imbécil 
 03. Si hoy es sábado, Leng está con un par de mulatos (si es domingo, también) 
  04. Johnny, Bud, Brugal, José, Smirnoff, Tanqueray y Mimí       
  05. En busca del lunar en el coño perdido        
  06. Chuletas, chuminos y galletas de canela
  07. Siempre no es siempre siempre
  +1. El camino de su piel. Versión extendida

LEE EL PRINCIPIO DE "#MARIMARYEVA"

EL RELATO INCLUIDO EN LA ANTOLOGÍA "ÁBREME CON CUIDADO"


  'Ábreme con cuidado' es el fruto de un desafío planteado por la Editorial Dos Bigotes a nueve  autoras españolas: convertir las figuras de Natalie Clifford Barney, Patricia Highsmith, Virginia Woolf, Marguerite Yourcenar, Aphra Behn, Carson McCullers, Elizabeth Bishop, Emily Dickinson y Gloria Fuertes en protagonistas de un relato de ficción.
   He tenido el inmenso placer de formar parte de este maravilloso proyecto, de ser una de las autoras que se ha asomado a ese puente de palabras que conecta distintas épocas y generaciones de escritoras.
   Mi elegida, para rendir tanto homenaje como gratitud y admiración, ha sido, como no podía ser de otro modo, Patricia Highsmith y su 'Carol'.
   El relato de #Marimaryeva es mi modo de dar las gracias a la mujer, a la autora, que, a través de las palabras, me hizo descubrir un mundo más allá de las cuatro paredes de mi habitación. 
   Me habría gustado poder decírselo en persona, escribirle una carta, para agradecerle todo lo que significó la lectura de su libro.
   No ha podido ser. 
   Pero tengo este relato para ella.
   Quiero pensar que le habría gustado.
***

#MARIMARYEVA


  —¿Qué haces?
  No le contesto, es obvio. Obvio mi silencio porque obvio es lo que estoy haciendo. No es que Marimar no sepa interpretar qué se hace con la cabeza inclinada sobre un libro entre las manos, Marimar es una chica lista, pero también la reina de las preguntas retóricas. «Tenemos sed, ¿eh?», te suelta cuando te ve trasegar agua como un camello tras atravesar cinco desiertos, o «Uf, ¿duele?», cuando te ve tirada en el suelo retorciéndote de dolor tras un encontronazo con una jugadora rival.
  Marimar, que es lista, se inclina para levantar ligeramente la tapa del libro con el dorso del índice y pregunta:
  —¿Carol?
  Y de nuevo es retórica, porque sí, es Carol. Marimar es lo suficientemente avispada como para, a sus dieciocho años, saber leer. Las dos somos compañeras en el equipo de balonmano de nuestra ciudad. Hoy estamos a más de trescientos kilómetros de allí, concentradas. Mañana tenemos partido. Ambas compartimos habitación, lo hacemos desde que jugábamos en alevín, con diez años. Marimar dice que si tuviera que compartir habitación con otra compañera sería como si el mundo se diese la vuelta, convertido en un triángulo. Eso no es que lo comprenda muy bien, hay ciertas cosas de Marimar que no comprendo nada, nada bien. Lo de las preguntas retóricas, sí. Todos tenemos manías.
  —No parece de asesinatos —dice, leyendo el nombre de la autora.
 Marimar es tan lista no solo como para saber leer y también que la Highsmith es una reconocida autora de novela negra, sino igualmente observadora como para interpretar en la portada amarilla el cuadro de dos chicas con pose abandonada, nada propensas, al parecer, a matar o ser asesinadas. Es la edición publicada en 1991, encontré el ejemplar en una feria de libros de segunda mano un par de semanas atrás. Es la tercera vez que lo leo. Mamá dice que se me van a caer los ojos de tanto leer. Mamá piensa que el libro me dura mucho, cuando es todo lo contrario.
  Marimar se deja caer en la silla de plástico junto a la mía y levanta las piernas para apoyar los talones sobre la barandilla del balcón. Hay una rotonda enorme como vista principal, una monstruosa lenteja que, estoy segura, se verá perfectamente desde la estación espacial sin necesidad de telescopios. Conectada a ella, la carretera nacional y, más allá, los lomos trasquilados de las achaparradas montañas de la zona. Estamos en un hostal, el presupuesto del equipo no da para hoteles, pero Gloria, la secretaria/enfermera/psicóloga, es un hacha encontrando hostales decentes. En este, las habitaciones cuentan hasta con un pack de artículos de baño, del que forman parte unas diminutas esponjitas de colores. Marimar dice que la suya se la guardará a su hermana pequeña, para que bañe a su Hulk de treinta centímetros. La hermana de Marimar tiene un concepto muy particular de la realidad: cree que Hulk es Shrek y no hay quien la saque de ahí. Tiene los siete años más creativos, incansables y tercos del mundo. A Marimar le encanta. A mí también. No he visto una niña más destroyer en mi vida. Llegará lejos, esta niña.
  —Pedazo rotonda, ¿eh? —dice Marimar, y tampoco le contesto en esta ocasión.
  Ella sabe, yo sé, que la rotonda es una bestialidad, la madre de todas las rotondas, el infierno de infiernos para el conductor indeciso.
  —¿Fumando otra vez? —inquiere, girándose hacia mí y levantando una ceja interrogante, mientras se mete las manos bajo las axilas y se balancea precariamente sobre las patas traseras de la silla.
  Se la va a cargar, la silla, pero paso de decirle nada. Es otra de sus manías, como lo de las preguntitas retóricas. El cigarrillo me cuelga indolente de los labios, mientras las virutas de humo ascienden, perezosas, caracoleando sobre mi cabeza.
  Claro que estoy fumando otra vez.
  —Fumas demasiado —dice—. Y eres deportista, hostia, Eva. ¿Tú no ves que eso es una contradicción?
  Dejo de leer, la miro, el movimiento hace que una punta de ceniza caiga sobre el libro, deshaciéndose sobre sus páginas. Digo «¡Joder!», y limpio las hojas soplando sobre ellas con delicadeza.
  —Solo es uno de vez en cuando —me defiendo.
  —Eso ya es uno de más.
  —¿Desde cuándo eres mi madre?
  —No lo soy, no habría forma de explicar por qué mi hija tiene exactamente mi misma edad.
  Es cierto, tenemos, exactamente, la misma edad. Nacimos el mismo día, con veintitrés minutos de diferencia, en el mismo hospital, separadas por tres habitaciones de distancia. Lo más marciano de todo: nuestras familias eran vecinas de urbanización, en las afueras, hasta que mis padres se separaron cuando yo tenía doce años y mamá y yo nos trasladamos a un piso de alquiler en la ciudad. Crecimos juntas y en el instituto nos llamaban marimaryeva, todo de una tacada, como un hashtag. No recuerdo mi vida sin ella, y a ella parece que le pasa lo mismo. El día que nos mudamos fue como si mamá y yo partiéramos al exilio. Marimar no quería llorar, pero era peor. Se puso feísima, con toda la cara arrugada como si fuese una anciana, los labios tan curvados hacia abajo, tanto, que parecía un bulldog. Yo sí lo hice, lloré. Lloré como una magdalena. No tenía el aguante de Marimar. Y me sentía como si me hubiesen arrancado un brazo. Nunca me ha pasado eso, que me arranquen un brazo, pero cierto como que el sol sale cada día que debe de doler, así que como tal lloré cuando dejamos de ser vecinas. Como si me hubieran arrancado un brazo de cuajo.

***

   Si quieres leer el relato completo, junto al resto de historias que componen la antología, puedes encontrar el libro ya a la venta en las librerías y en la web de la Editorial Dos Bigotes.
 También puedes usar el buscador de la distribuidora del libro (UDL libros). Entra en el link e introduce en la casilla del buscador la localidad que deseas. UDL te dirá dónde hay una librería en la que encontrar "Ábreme con cuidado": http://bit.ly/1RWgbuP



"Ábreme con cuidado"

Prólogo: Gloria Fortún
Varias autoras
Diseño de portada: Raúl Lázaro
ISBN: 978-84-943559-8-1
Páginas: 244
Formato: Rústica con solapas 14x21cms.
Precio: 18,95 €







lunes, 14 de diciembre de 2015

ÚLTIMA REVISIÓN

DEL LIBRO DE RELATOS DE CATE MAYNES


  Trabajando a contrarreloj para tener listo «Sexo, alcohol, paracetamol y una imbécil». Último repaso sobre la prueba impresa. Si todo va bien, en unos días estará a la venta. 
  ¡Gracias por la espera!




martes, 8 de diciembre de 2015

LEE UN FRAGMENTO DE "SEXO, ALCOHOL, PARACETAMOL Y UNA IMBÉCIL"

EL LIBRO DE RELATOS DE CATE MAYNES 



  Ya tengo a Cate más o menos convencida para que se venga a casa para este solsticio de invierno (aka Navidad). No está siendo fácil, porque si algo ha sacado esta chica de aquí su madre putativa es la cabezonería (maldita sea). Pero ahí vamos, entre whiskys (ella), tés (yo) (lo juro), revisiones, reescrituras, pruebas y nervios (¿tener un hijo? ¡Bah, eso está sobrevalorado! Probad a sacar un libro...¡y veréis!). 
  Así que, poquito a poco, vamos cumpliendo las etapas. Si todo va bien (y cuando digo bien me refiero a que a) Cate no vuelva a desaparecer, b) a mí no me dé un síncope, c) Amazon no me pille ojeriza, d) no se caiga Internet, e) el Universo tampoco me pille ojeriza, f) deje de perder el tiempo poniendo ítems...). Pues si nada de todo esto sucede, tanto a Cate como a mí nos encantará reencontrarnos con todxs vosotrxs la semana que viene (previsiblemente. Vamos, aproximadamente. O sea, ese sería nuestro deseo. Vamos, si no pasa a, b, c, d, e, f o cualquier otra letra del abecedario). 
  No sé si he aclarado algo. 
  Hasta que ese día llegue, aquí os dejo un adelanto de los relatos, un fragmento del primero de ellos, "Cada vez que haces eso".
  Espero que os guste la muestra. 


CADA VEZ QUE HACES ESO



Jueves, 21:23 h.

  —Cada vez que haces eso, Dios estrangula un gatito. ¿Lo sabías, imbécil?
Levanté la cabeza ante el sonido de la voz de Caroline y mi boca se curvó en un arco desdeñoso, al tiempo que emitía un bufido.
—Teniendo en cuenta lo poco que me importan ambos, Dios y gato —dije, sosteniendo el chupito que se había quedado a medio camino a la altura de mis labios—, si acaso lo que acabas de decirme es un extraño intento de regañarme, te pediría, por favor, que concretaras. Hoy tengo un ligero dolor de cabeza.
—¿Y cuándo Catherine Simone Maynes no lo tiene? —replicó ella, alzando una ceja.
Volví a bufar. Lo consideré esfuerzo suficiente para que Carol dedujera la respuesta, como así fue, porque la adorada voz de mi conciencia adoptó enseguida la postura del jarrón. Esa figura le sale de maravilla a esta mujer: una perfecta ejecución simétrica de brazos en arco, ceño fruncido y expresión «Madre putativa en modo regañina» ejecutándose en su rostro.
Que no tardó en llegar.
—Beber no te lo quitará, ¿no crees?
—¿Cómo que no? —repliqué—. Si lo hago hasta perder el conocimiento verás tú como sí.
Ahora fue ella la que bufó exasperada.
—¿Tú crees que esto es normal?
Moví la cabeza con un movimiento exagerado (en fin, todo lo que me lo permitía mi dolor de ídem) y vocalicé igualmente de desmedido cuando dije:
—No. Increíble, ¿verdad? La propietaria de un local en el que se sirven bebidas, sermoneando contra el consumo de las mismas. Alucina.
Caroline torció la boca en un gesto de contrariedad, sus ojos convertidos en dos rendijitas. Hala, allí iban mis próximas doscientas raciones de mayonesa.
Mierda.
—Como en todo, el secreto está en la moderación —dijo.
—Como en todo, exacto —repliqué yo—. ¿Lo aplicamos también a las reprimendas? De verdad que me duele la cabeza.
—Y, claro, en algún sitio has leído que empinar el codo es el mejor remedio, ¿no?
¿De veras había dicho eso? ¿Empinar el codo? 
Se lo dije:
—¿De veras has dicho eso? ¿Empinar el codo?
—Pues sí, ¿qué pasa?
—Eso digo yo, qué pasa hoy. ¿Te has levantado con el pie cambiado o qué, Carol?
—Pues mira, no. Levantarme, lo que se dice levantarme, lo he hecho estupendamente. He pasado una mañana muy normalita también. He ido al mercado y he comprado uva. ¿Te gusta la uva? A mí, sí; la blanca. Me pirra. Así que me he comprado un racimo y la he tomado de postre al mediodía. Después me he tumbado un ratito. Siempre me acuesto un rato después de comer, deberías probarlo, es muy sano. —Pequeña pausa y tono más intenso para añadir—: Ayuda a regenerar neuronas.
Tampoco habría hecho falta que se molestara en levantar las dos cejas para reforzar el mensaje no-tan-subliminal.
Pero qué queréis que os diga, a mí la uva, si no va mezclada con etanol, ni plim.
—Y he venido aquí —continuó—. Y todo iba la mar de bien, pero solo hasta que ha entrado por la puerta una chica tan maja como imbécil. Y mira, sí, ahí se me torció el día ya.
¡Bueno!, pensé con resignación. Estaba claro que hoy no iba a ser El Día de Chupitos Sin Límite Para Cate en el Powanda.
—Vale ya, ¿eh? —refunfuñé—. Que de verdad no me encuentro bien.
Iba a beberme el chupito, pero no sé si fue lo de la coacción por el estrangulamiento de mininos o el gesto ceñudo de Caroline lo que me detuvo.
Lo segundo, está claro.
—Oye, deja de mirarme así —protesté—. Emites mensajes contradictorios, ¿sabes? Eres como una señal de prohibido el paso que esté haciendo el gesto de «Pasen, pasen». ¡Joder, Carol, que estás detrás de la barra de un bar, con una legión de botellas a tu espalda!
—¡Marie, un combinado de salmón! —fue toda su respuesta, vociferada sin girarse.
Pues qué bien, cómo mejoraba el día, coño. No me dejaba beber, pero me daba de comer. Menuda mierda. No quería comer. Y menos comida sana. Y menos una que incluyera un pez. ¡Comida sana con un pez, por favor!
Comerse un pez muerto con la mayonesa restringida es una perspectiva terrible. ¡Terrible!
—Carol… —le advertí.
—Cate… —me imitó ella.
Y ahí estábamos de nuevo, metidas en nuestro habitual duelo de cabezonas. Esto venía ocurriendo desde que esta mujer me tomó confianza (y a su maternal cargo) en una ocasión que me pasé con la bebida y la lengua se me fue tras las cuitas de mi desconchado corazón (bonito tópico, en efecto: borrachuza le cuenta las penas a la barwoman). Hasta ese momento todo iba bien: yo estaba hecha una mierda, bebía hasta perder el conocimiento, follaba como una descosida con todo dios (en fin, diosa) y no sabía qué hacer con mi vida. ¡Era una mierda de vida perfecta!
Pero… un día me dio por entrar en un local llamado Powanda, con una dueña llamada Caroline, y ahí se acabó mi asquerosa buena racha. La susodicha propietaria se hartó del espectro cochambroso que hacía feo con la decoración (yo, por si no lo habéis pillado) y se acercó a hablar conmigo.
¡Para qué más! Tú dale a una borracha con la vida hecha mistos una oreja receptiva y ya puedes echarle horas. Ese día lloré mares y le conté a la pobre mujer todo lo que llevaba arrastrando desde que había abandonado Illica con el corazón laminado. Un relato que hablaba de amor desesperado, zorras pomposas, sangre canalla, la mujer de mi vida y un desafortunado disparo.
Eso, miseria arriba, miseria abajo, era un buen resumen de lo que me había hecho recalar en Océano. De cómo había pasado de ser una policía bien considerada a prácticamente una apestada, cambio de perspectiva producto de la campaña de desprestigio y hostigamiento que los De Sants habían emprendido contra mí. Total, por dejar en estado vegetativo al capullo de su hijo, un hideputa cuya cabeza acabó tropezando con una de las balas de mi pistola reglamentaria cierto día de mierda que todo saltó por los aires (parte de su corteza cerebral incluida).
Helena, por ejemplo. Helena fue una de esas cosas que saltó por los aires. Tan lejos que ya no pude alcanzarla, tan dolorosamente que me incapacitó para sentir cualquier otra cosa. El amor que se me volvió desesperado. Hija de los De Sants, hermana del capullo descerebrado. La mujer de mi vida.
Pero mujer, pensaréis. ¿Cómo no iba a dejarte? ¡Le volaste la cabeza a su hermano!
Pues sí, pero no. A ver, ¿por qué? ¿Por qué? Que sí, coño, de acuerdo, le volé la cabeza, lo admito. ¡Pero joder, esas cosas pasan! Sobre todo, si una de las partes implicadas es policía y la otra un cabrón sinvergüenza que se empeña en buscarle las cosquillas a la ley. La hostia casi que la tienes asegurada.
Y yo lo veía. Oh, vaya si veía al hermanísimo como un candidato perfecto a hostión. Y Helena también, claro que ella también lo veía. Porque Helena sabía cómo era su hermano. De qué pasta estaba hecho. Tenía claro que era un renglón, más que torcido, retorcido. Una línea punto y aparte que unos padres excesivamente protectores, equivocadamente indulgentes, habían dejado malcrecer mientras miraban hacia otro lado. Y así, Romus fue la mala hierba mimada, protegida y exculpada, crecida en un jardín en el que debía primar, por encima de todo, la belleza, por muy vacua que fuera, por muy aparente, por mucho veneno que ocultara su rutilante fachada. Un niño bien al que siempre se le había consentido todo. Un mocoso que creció y, con él, sus toleradas escaramuzas.
Pero llegó un momento en que ya no fueron pequeñas putadas o jodiendas propias de un capullo malcriado. Ya no fue emborracharse y estampar el Lamborghini contra la terraza del pub del que te acaban de expulsar. No fue trapichear con pequeñas cantidades, o enviar a todos tus contactos de WhatsApp la foto desnuda de uno de tus ligues de fin de semana. No fue desentenderte del embarazo de la ex siguiente a la siguiente ex, o liarte a puñetazos a la salida de una discoteca.
No, fueron más. Más peligrosas, con peores consecuencias, cruzando la línea de las faltas para entrar de lleno en el delito. Y yo lo veía, sí, vaya si lo veía. Observaba el saco engordando y engordando, con las costuras a punto de reventar. Y Helena también, por supuesto que también lo veía. Pero era su hermano. Y le asqueaba. Pero era su hermano. Y yo era yo. Pero él era él, era su hermano.
Y estaba escrito que en algún momento el saco reventaría y la brillante carrera del heredero De Sants como hideputa sobreprotegido tendría su primer tropiezo serio. Y lo tuvo, y fue muy, pero que muy serio. Mucho.
Que fue mi bala y quedó en coma y Helena me dejó.
Y es que, por muy canalla, hideputa y capullo malcriado que fuese, era su hermano.


Todo eso le conté aquel día a Caroline, entre mocos e hipidos. Mi mierda de vida. El asquito que daba. Lo horrible que era levantarse cada mañana. Y pasar el día. Y acostarse cada noche. Y volverse a levantar. Y no dormir. Y recordar. Y llorar.
La lástima que debí de darle estoy segura de que alcanzaría el nivel Gatito Con Ojos Enormes Y Húmedos en la escala de «Cosas adorables que te tocan la fibra (Sección Almas en Pena)», porque desde ese día Caroline me acogió como a una especie de hija putativa. Claro, siendo madre de hijo muerto... Creo que vine a ser para ella como una especie de sustitutivo filial. Y no es que me queje, a ver, solo que a veces eso supone un impedimento para mi borrachera de los jueves. Y eso jode. Un poco. Un poquito. Jode un poco poquito. ¡Que es la de los jueves, coño! (para vuestra información, el jueves es el día del 2x1 en decenas de bares de la ciudad).
Pero en fin, pese a eso, la cuestión es que Caroline fue una de mis primeras amigas en Océano, y en su putativa maternidad de acogida estaba empeñada en hacerme mantener unos hábitos mínimamente saludables (la amenaza del combinado de salmón era una muestra). Sí, cierto, también me servía alcohol, pero después de que yo desapareciera tiempo atrás durante varias semanas tras una acalorada discusión por el tema (no sé yo esta mujer qué pensaba que podría hacer en su bar sino bebérmelo de la A a la Z), Caroline procuró limitar el ámbito de su preocupación. Supongo que se dio cuenta de que si zapateaba con demasiada fuerza la bicha huiría espantada, así que echó el freno y se dejó de sermones apocalípticos (como podéis comprobar, los de menor entidad todavía los ejercía, para mi desgracia) y pasó a la táctica de los bufidos, los brazos en jarra y los peces muertos con guarnición de verdura. Probablemente llegó a la conclusión de que al menos, anclada a la barra del Powanda, por muy feo que hiciera con la decoración, podía mantenerme bajo el alcance de su radar. Creo que la pobre tenía la idea de que, lejos de ella, servidora se trasmutaba en algo así como una borrachuza de manual, una suerte de engendro de cara abotargada, párpados hinchados y vozarrón cazallero que iba dando tumbos de bar en bar y traspiés por oscuros callejones donde devolver a la madre Tierra el fruto de su destilación.
Y no, realmente. Podría parecerlo pero no, en absoluto: yo era una beoda muy de mi casa. De las de acabar la noche con la cabeza metida en inodoro propio y privado y no en ajeno y público. A mí, la pérdida de todo lo que tenía, de todo lo que era, de la vida que llevaba y del amor de mi vida, me dio para bebedora decente, discreta, de muy a lo suyo, con su vasito y sus circunstancias, ahí calladita, acodada sobre la barra del bar de turno, sin dar guerra ni la murga con mis penas (excepción hecha, claro, de Caroline). Beber y callar, eso era lo que yo hacía. 
Borracha, sí, pero toda una señora desecho, ojo.


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jueves, 3 de diciembre de 2015

"ÁBREME CON CUIDADO"

ANTOLOGÍA DE RELATOS 


  “Ábreme con cuidado” es el título de la antología que está a punto de llegar a las librerías de la mano de la editorial Dos Bigotes, un precioso proyecto que reúne a nueve autoras contemporáneas con el desafío de hacer "regresar" a un puñado de ilustres antecesoras, convertidas en personajes de ficción. 
  Tengo el honor de ser una de esas nueve autoras. Cuando los editores me presentaron la lista de escritoras a las que homenajear no tuve ninguna duda: escogí a Patricia Highsmith y su emblemático “Carol”, una autora y un libro que me marcaron de un modo especial cuando lo leí hace ya más de dos décadas.
  De la huella de ese sentimiento nace mi contribución, el relato titulado  #Marimaryeva, una historia que deseo haga de puente construido por palabras hacia la mujer que me proporcionó luz y esperanza hace tantos años, y que marcó mi camino con una frase que sigo teniendo presente cada día: "vivir contra mi propia naturaleza, eso es degeneración por definición".
  Espero haberle hecho justicia. Espero haberle devuelto, aunque sea en una mínima proporción, toda la emoción, todo el sentimiento que ella implantó en mí tanto tiempo atrás. 
  Como digo en la introducción, me gustaría pensar que a ella le habría gustado leer #Marimaryeva. 

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  Ábreme con cuidado es el fruto de un desafío planteado a nueve magníficas autoras españolas: convertir las figuras de Natalie Clifford Barney, Patricia Highsmith, Virginia Woolf, Marguerite Yourcenar, Aphra Behn, Carson McCullers, Elizabeth Bishop, Emily Dickinson y Gloria Fuertes en protagonistas de un relato de ficción.
  Isabel Franc, Clara Asunción García, Pilar Bellver, Carmen Samit, Gloria Fortún, Lola Robles, Carmen Nestares, Carmen Cuenca y Gloria Bosch Maza ofrecen una excelente muestra de su talento en estos cuentos inéditos que conectan el pasado y el presente de la literatura escrita por mujeres; nueve historias donde conviven pasiones y silencios, amores contrariados y relaciones forjadas frente a cualquier convención social.

  «La aparición de una antología como Ábreme con cuidado es motivo de celebración porque al visibilizar a estas escritoras subvierte el canon, las da a conocer a nuevas lectoras (¡y lectores!), reconoce la obra de estas figuras literarias y las coloca donde antes había un páramo. Por otra parte, aquí hay nueva ficción. Las que ahora vivimos y escribimos tendemos las manos a nuestras referentes, construyendo así un puente entre el pasado y el presente, una nueva historia literaria sin mentiras, secretos ni silencios».
Gloria Fortún
(de la web de la editorial)



Autoras: Clara Asunción GarcíaIsabel FrancPilar BellverLola RoblesGloria Bosch MazaCarmen SamitGloria FortúnCarmen NestaresCarmen Cuenca

Prólogo: Gloria Fortún.

Diseño de Portada: Raúl Lázaro


ISBN: 978-84-943559-8-1
Número de páginas: 244
Formato: 14 x 21 cm.
Encuadernación: Rústica con solapas
Lanzamiento: 7 de diciembre de 2015
Precio:18.95€