La Pluma y la Espuma. Blog de la escritora Clara Asunción García

Si hay un mar, un libro o una cerveza cerca, soy feliz. Si estoy acompañada cuando eso sucede, lo soy aún más.

jueves, 30 de julio de 2015

HAZ DEPORTE, MUEVE TUS PUPILAS

CON CATE MAYNES


  No voy a volver a insistir en lo de que hace calor (pero lo hace. Mucho), y no sé yo si la sugerencia esta vez para mover las pupilas no va a contribuir a subir aún más esa temperatura. Que seguro. Porque es Cate. Cate Maynes. Y Cate como que sube la temperatura a su paso. No es culpa suya, fue la vida. Que si una bala en el cráneo de su cuñado, que si las presiones de la Zorra Pomposa de su suegra, que adiós a su trabajo de policía, que si la mujer de su vida rompiéndole el corazón… Cosas así.
  Eso fue más o menos lo que la convirtió en una imbécil (con cuatro emes, be mayúscula y ele en cursiva, por favor). O, al menos, eso es lo que piensa Caroline, una especie de madre putativa que vela por ella en Océano, ciudad en la que recaló una Cate desmantelada, enzorrada, pegada a una botella y con el corazón desconchado. Hay mucha más gente en Oceáno que más o menos la quiere. Está Leng, que anda siempre ocupado en orgías con mulatos. Y Geppo que, aunque le llame Cabeza de Chorlito, se preocupa por ella. Y Marie, la guapa Marie, que le suministra los sobrecitos de mayonesa a espaldas de Caroline. Y Dolimon, Mimí…
  Un puñado, sí.
  Pero, bueno, imbécil y todo, se las apaña. Al menos, trabaja. O algo así. No es muy buena en lo suyo, la verdad sea dicha. Su técnica de trabajo es a veces todo un despropósito. Es detective privada. Sí, lo sé: cliché total. Ella misma lo reconoce, al principio del relato “Un perro llamado Úrsula”:

Me llamo Catherine S. Maynes y soy detective privada. En realidad no debería decir “soy”, sino “trabajo como”. Una solo debería ser aquello para lo que nació.
Y yo no nací para esto.
Veréis, soy detective privada por cliché, que lo sepáis. Lo confieso, aquí y ahora. Cumplo con todos y cada uno de los requisitos, a saber: expolicía, oscuro suceso en el pasado, corazón hecho añicos por una bella dama y botella de alcohol como muy mejor amiga
A poco que me descuide amaneceré un día de estos en blanco y negro; me lo veo venir.
Sabed, también, que me considero una jornalera de la lupa. Una jugadora de segunda división de la liga investigadora. No lo llevo en la sangre, qué le vamos a hacer. No tengo un instinto especial, ni me mueve ninguna especie de servidumbre vocacional por hacer de la sociedad un lugar mejor. Simplemente, llegué a ello después de tropezar de forma harto estrepitosa en mi otra vida.

Al menos, es sincera, ¿no? Debe de ser una de las pocas virtudes que tiene (no, beberse seis cervezas, dos licores de crema de orujo y cuatro chupitos de una tacada no lo es. Por mucho que se empeñe ella). Pero la verdad es que hace lo que puede. Y a veces le sale bien, como en esa investigación del perro llamado Úrsula, cuyo dueño (un niño de doce años llamado Otis y que, por decirlo suavemente, era “de porte deslucido”. O sea, feo de narices) contrata a Cate en el que sería el primer caso de su carrera como investigadora privada (ajá. NO fue “El primer caso de Cate Maynes” su, valga la redundancia, primer caso. Fue el del asesinato de un perro macho con nombre femenino. ¿Cómo te quedas? Pues eso).
Pero otras veces no le sale tan bien, como en el relato “El camino de su piel”. Nada, nada bien. Ella, que tan buena intención le pone a todo, y solo para acabar vapuleada emocionalmente. Y, claro, se le vuelve a desconchar el corazón y a hartarse de chupitos y a dar bandazos de aquí para allá.
Todo eso sucede antes de conocer a Micaela. Ah, Micaela. ¿Qué decir de ella? Que una de las primeras cosas que le hizo Cate fue chuparle los deditos del pie (lo hizo, sí. Léelo aquí: http://bit.ly/1DcxEsW). Que es rubia, la curva de su espalda es deliciosa y es dueña del Sappho, un local de ambiente para chicas en Océano. Y algo más. Algo “peculiar”. Pero ya, si eso, te encargas tú mismx de averiguar qué es. Lo harás si te lees “El primer caso de Cate Maynes” (que ya sabemos todxs que no fue, exactamente, su primer caso. Que el primero fue el del chuchicidio, pero que, claro, quedaba mucho mejor, dónde iba a parar, que tu primer caso fuese uno en el que estuvieran implicados oscuros chantajes, intrigas familiares, citas clandestinas en cuartos oscuros y mujeres de ocupaciones peculiares).
Tampoco es que le fuera mejor en sus siguientes casos. En el de “Los hilos del destino”, por ejemplo, todo es un follón. Un día le entra en el despacho un tío desmemoriado y, mira, se le enreda todo hasta límites insospechados (incluida su vida personal). Qué le vamos a hacer. Cosas de ser una desmantelada de la vida y detective de segunda división.
En fin, todo eso. Yo ya he avisado. Que Cate da calor. Y muchas cosas más, cosas de las que tienes más información aquí: http://catemaynes.blogspot.com.es/. Podrás leer primeros capítulos, e incluso la versión corta y gratuita de uno de los relatos.
Y que nada, lo de siempre. Gracias por tu atención y:


Be happy (total, pá lo que vamos a estar aquí...)


#‎HazDeporteMueveTusPupilas






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