La Pluma y la Espuma. Blog de la escritora Clara Asunción García

Si hay un mar, un libro o una cerveza cerca, soy feliz. Si estoy acompañada cuando eso sucede, lo soy aún más.

lunes, 6 de julio de 2015

GRACIAS POR ESTAR AL OTRO LADO DE LAS PÁGINAS

A MIS LECTORXS: 
GRACIAS, MIL GRACIAS.





  Eres escritora (porque lo eres, aunque te mueras de hambre con lo que haces), y estás en casa, sola, porque la soledad es parte inherente (y, en mi caso, deseable) al oficio de escribir. Y te pasas días, semanas, meses, años escribiendo, rodeada de esa soledad. Y son demasiadas horas, y segundos, como para no darle una oportunidad a la fragilidad, a las dudas. “¿Servirá de algo lo que hago? ¿Habrá alguien ahí fuera que lo reciba con la misma pasión con la que yo lo ofrezco? ¿Le otorgará su valor? ¿Merecerá la pena?".
  Y sabes que sí, ¡claro que sí! Solo son instantes de inseguridad, como los puede tener cualquiera, en cualquiera de las disciplinas que haya elegido para invertir esos días, semanas y años. Solo es que este oficio es más dado a esa incertidumbre, ya no solo económica, sino sobre todo emocional. Cuando escribes, das, y a veces no sabéis hasta qué punto. Yo estoy en mis novelas, en todas y cada una de ellas. Estoy repartida entre Sara, Maca, Ana, Cate, Micaela, Elisa, Nuria, Valeria... Os doy incluso a parte de mis amigxs, de mi familia (ese Tomax de "La perfección del silencio", esa Caroline de la serie de Cate Maynes), repartiendo parte de sus físicos, de sus personalidades, en personajes que a veces tienen más de reales que de inventados. Ese Juanepi, por ejemplo, que reúne a tres amigos en su nombre, su físico y sus expresiones (ese "Merry", que le "robé" a alguien que lamentablemente ya no está entre nosotrxs).
   No os ofrezco solo historias, os ofrezco parte de mí. Y cuando inviertes tanto peso emocional, dudar es lo mínimo que puedes hacer. Esos "¿Gustará?" que me pregunto cada vez que va a salir publicado algo mío, sea una columna de opinión, un relato o una novela. Esos "Joder, ay, esto es una mierda, verás. Me van a vapulear", que te dices a ti misma o compartes con tu mujer u otra compañera en esto de escribir (y que te levanta el ánimo, igual que te toca hacerlo a ti cuando es ella la que vacila). Esas dudas, también, que te llegan desde el lado más material, y que ya conocéis: "¿Para qué seguir, si no se respeta mi trabajo?", y que más pedazos de mi desánimo está colocando a mis pies.
  Pero, pese a ello, pese a esa inseguridad emocional y económica, sigo aquí. Y sigo porque, en el fondo, sé que soy muy afortunada. Porque pese a la soledad, las dudas,  (porque lo sé, soy consciente) que mi trabajo es bien recibido de forma mayoritaria. Y tal vez muera de hambre con esto, pero desde luego el alma la tengo reventadita a saciedad. La tengo repleta de palabras tan bonitas como las que me dedican lxs receptorxs (lectoras y lectores) de este trabajo tan solitario. Palabras como estas, de una lectora, Sandra, a propósito de “Elisa frente al mar”:

"Elisa me obligó a recordar mi primer amor, ese que tanto intenté olvidar. Gracias por escribir lo que yo había intentado borrar de mi vida. Me hizo bien, mucho bien. No pude dormir esa noche, lo leí dos veces. (...) Gracias por tus bellas palabras y por crear magia en el corazón de tantas mujeres".

  Y a veces son cosas tan bonitas como esta, y otras un simple “¡Qué buen rato he pasado con tu imbécil!”. ¡Y yo feliz con ambos extremos! Feliz por tocar el corazón de algunas lectoras con Elisa y Nuria, feliz por hacerles olvidar por unas horas el mundo con Sara y Maca, y feliz porque se echen unas risas con Cate y sus cuitas. Porque ese es mi trabajo, el que he elegido (en fin, esto no es realmente así. Él me escogió a mí), y que espero seguir practicando “hasta que mueras. O hasta que muera en ti”. Mi trabajo es ofrecer horas de distracción, de emoción, de reflexión, de enfado, de tristeza, risa o llanto. Si lo logro, soy feliz. Si no, intento esforzarme para hacerlo mejor la próxima vez.
  Soy una jornalera de las letras, siempre lo he dicho. Y, como tal, experimento las alegrías, y los sinsabores, de un trabajo bien hecho o de uno que sé que debería mejorar. Y son palabras como las de esta lectora las que dan por buenas todas las dudas, toda la angustia, el puntual desánimo y hasta la precariedad. Porque no hay mayor motor, objetivo, deseo y anhelo en una escritora que llegar hasta el corazón de sus lectorxs. Soy yo la que da las gracias por que estéis ahí para recibir las mías, mis palabras, con tanta generosidad. Soy yo la que las da por tener lectoras así, se la doy a ella y a todas las que me habéis escrito a lo largo de estos escasos cuatro años que llevo al pie de la pluma. Lectoras que se toman la molestia de tomar parte de su tiempo para escribirme unas líneas tan maravillosas como esas, o a veces una línea final en un correo, hablando de otras cosas, para dejar algo claro: "Yo seguiré leyendo tus libros, que por cierto los compro,que no los descargo." 
  Gracias, así, por estar al otro lado de las páginas, por invalidar todas las dudas. Por hacer que merezca la pena tanta soledad, tanta precariedad.
   Gracias mil.



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